Nací y crecí en Otavalo, rodeado de paisajes que inspiran y de una cultura rica en tradiciones. Mi vocación militar me enseñó disciplina, respeto y amor por la patria, valores que hoy conviven con mi sensibilidad artística. El arte, para mí, es el puente entre el deber y el sentimiento, entre la historia y la emoción.
Mi pintura explora el equilibrio entre azar y control. Las superficies se construyen por acumulación: gestos, borrados, silencios. Busco que cada pieza sea un lugar al que se vuelve, un refugio de luz y memoria.